Hoy sólo pondré una hitoria que me olvidé de corregir antes de entregarla pero ya no importa... es un deber de literatura...
Yo era como cualquier otra persona. Sin embargo era muy diferente.
Yo intentaba ser como todos pero no podía así que me aleje de ellos para que no notaran lo diferente que éramos. Todos somos diferentes pero tenemos que tener ciertas similitudes para poder llevarnos bien, y nosotros no las teníamos. Nuestras diferencias iban más allá de lo que se puede cambiar. Incluían ciertos aspectos como la manera en que nos criaron, o la forma de pensar.
Pasaba el tiempo y yo no buscaba a nadie por miedo a que seamos diferentes. Me quedaba sola pero siempre había alguien que conocía desde casi toda la vida, así que decidí que no necesitaba a nadie más que a los que ya conocía y apreciaba. Ellos me conocían y me aceptaban, pero con el tiempo, la vida les llevó a otro camino y nos separamos para siempre (nunca nada será lo mismo).
Yo era feliz, a pesar de mi soledad que en esa época fue casi absoluta, y esperaba que ellos lo fueran. Pero mi felicidad no duró por mucho tiempo.
Siempre había alguien que me hacía caer en un precipicio sin final. Alguien que cambiaba de rostro pero normalmente era él.
Creí conocerlo, pero nadie es como creemos que es. Todos pretenden ser quienes no son y él no era la excepción. Solía lastimarme con su dureza y su frialdad, y yo me defendía como podía, cayendo más bajo que él en las ofensas. Yo aprendí a odiar y a lastimar con palabras, pero no me di cuenta de que no sólo lo lastimaba a él sino que yo me perdía cada vez más.
Empecé a vivir en un mundo de absoluta oscuridad. Como vivía en esa oscuridad me acostumbre a ella. Sin embargo a veces deseaba volver.
Muchas veces intenté volver. Intenté aferrarme de lo que pudiese para no seguir cayendo. A veces lo lograba y volvía a mi camino que me era totalmente desconocido. Pero volvía a perderme, y seguía siendo por ‘alguien’.
Regresaba y volvía a caer. Pero cada vez era más difícil volver. Ya no podía hacerlo, había caído tan bajo...
Me lograba sostener, sólo para equilibrarme y no seguir viendo mi vida pasar sin hacer nada. Pensaba con la mente más clara que nunca. Reflexionaba sobre lo que debía hacer. Sabía que debía regresar pero no podía: era muy tarde.
Talvez no era muy tarde pero yo me convencí de ello y no pude armarme de valor para pedir perdón y volver.
‘Alguien’ cambió de rostro pero siguió lastimándome.
Cada vez que yo sentía la fuerza de la esperanza ‘alguien’ se encargaba de destruirla. ‘Alguien’ me odiaba y yo lo odiaba a él. ‘Alguien’ no quería que yo fuese feliz pero yo no le daría el gusto. Yo podía salir de este abismo sin final...
Una vez más logré salir, pero fue con ayuda de ‘alguien sin rostro’. Siempre que lograba salir, escapar de ese abismo, de esa caída, sentía una fuerza que no me pertenecía. Esta vez sentí esa fuerza como nunca antes y me di cuenta de que era la presencia de algún ser... y este ser no era como ‘alguien’ que cambiaba de rostro para ocultar el suyo, este ser era ‘alguien sin rostro’ y si yo no veía su rostro era porque no estaba lista o todavía me negaba a aceptarlo.
Supe que no estaba sola pero ‘alguien’ volvió a engañarme, y, con sus manipulaciones y sus diferentes rostros, me hizo perder nuevamente...
Yo no veía la verdad... sólo caía cada vez más rápido, viendo mi vida, mi pasado y mi presente, deseando olvidar...
Sólo recordaba el pasado que odiaba, en el que ningún buen recuerdo existía.
Ya no me dolían las palabras de ‘alguien’, y empecé a vivir perdiendo el sentido de la vida. ‘Alguien’ había ganado y yo ya no era nadie.
Estaba sola... pero no era como antes, yo ya no era feliz en mi soledad. Había conocido lo que era la amistad y yo no quería seguir sola, pero ‘alguien’ había utilizado sus rostros para destruirme, para que los odiara como lo odio a él, para perder cualquier motivo de vivir. Yo había caído y sabía que era una trampa pero no hice nada por salir: ya no tenía fuerzas.
Me dejé caer por ese abismo esperando que llegara pronto el final. Ya no quería recordar ya que mis recuerdos me hacían odiarme y yo no podía seguir así. Sentí la presencia de ‘alguien sin rostro’ pero no quise aceptar su mano que me tendía, no quise aceptar su ayuda, no podía hacerlo: yo no valía la pena...
Sin embargo, seguía viviendo...
Yo no podía dejar que nadie supiera en el estado que me encontraba y tuve que pretender que todo estaba bien, como siempre. Yo sonreía como antes pero esas sonrisas no eran iguales a las de antes, ya no eran reales sólo parte de mi actuación. Mis ojos no brillaban, y nadie notaba ningún cambio en mí.
Me alejaba más, con la esperanza de que alguien lo note y me ayude a volver pero nadie lo hizo... pero si lo hubiese hecho yo no hubiera aceptado su ayuda por un estúpido orgullo que nunca podré perder.
Fue demasiado tarde cuando escuché el primer “¿Qué te pasa?”, en ese momento no me pasaba nada, o, al menos, ya nada nuevo. Yo decidí callar para siempre porque nadie entendería lo que me pasaba y no podía decirlo, era muy difícil para mí. Además quien lo notó no fue alguien en quien yo confiaba tanto como para decirle todo lo que me pasaba. Yo había perdido en quienes confiaba totalmente, la vida había separado nuestros camino hace mucho tiempo y yo no puede unirlos por mas que quise.
Yo seguía cayendo y ya no podía volver, o eso era lo que yo creía.
Un día, sin esperarlo, ‘alguien sin rostro’ me ayudó a salir de aquel abismo. Al principio no quise aceptar su ayuda pero terminé por hacerlo ya que yo deseaba tanto como ‘alquien sin rostro’ salir de ese abismo y volver a mi camino, el cual no había visto en muchos años.
El me condujo sin decir palabras a mi camino.
Al llegar, se paró junto a mí y esperó. Yo intenté agradecer pero un nudo en la garganta provocado por tantas emociones que sentía no me dejó hablar. Intenté reclamarle su tardanza, decir algo, cualquier cosa pero no lo hice.
Permanecimos en silencio por unos minutos...
Yo seguía sin poder ver su rostro y no lo entendía. Parecía estar oscuro sólo cerca de su rostro pero mi camino estaba totalmente iluminado.
-¿Por qué no puedo ver tu rostro?-pregunté con curiosidad.
-Porque tú te niegas a verlo-respondió con sencillez pero no entendí por lo que agregó-. Me conoces desde siempre, sabes quién soy, sabes que nunca te abandoné y que nunca lo haré. Sabes que intenté ayudarte pero tu no me dejaste y que, a pesar de eso, nunca te deje sola.
Nos quedamos en silencio mientras yo pensaba en lo que Él había dicho.
-Yo quiero verte... ¿por qué sigo sin ver tu rostro?-pregunté al notar de que, a pesar de que lo deseara, no podía ver su rostro.
-Sí puedes hacerlo- dijo como si eso bastara para mi pero el sabía que eso nunca iba a ser suficiente.
Repentinamente vi sus ojos color marrón como brillaban con intensidad. Vi su sonrisa que parecía burlarse de mi expresión de sorpresa. Pero Él no se burlaba de mí como los demás, su “burla” nunca hubiese sido ofensiva, era como si estuviese compartiendo conmigo algo gracioso.
Devolví la sonrisa, sorprendiéndome de lo fácil que era sonreír con franqueza.
Quería seguir preguntando, o reclamarle que me dejase tanto tiempo en ese abismo sola... pero no había estado sola, el dijo que nunca me abandonó. Yo no podía creer tan fácilmente en Él, después de todo, si algo había aprendido de ‘alguien’ era que no se podía confiar en nadie. Yo no sabía si ese era su rostro, o si Él era como ‘alguien’ y usaba los rostros de los demás ocultando el suyo.
-Soy yo, ¿o no me reconoces?-dijo como si nos hubiésemos conocido toda la vida-. Nos hemos conocido toda la vida-agregó como si hubiese escuchado mis pensamientos.
Entonces, ¿si era Él? ¡Tenía que serlo! finalmente lo había encontrado... había pasado tanto tiempo, en el que yo pretendí olvidarlo pero Él fue quien me ayudó tantas veces a salir de aquel abismo, Él era esa fuerza que yo sentía, Él era la esperanza.
Él era a quién yo había negado los últimos años... pero el nunca me abandonó, a pesar de mi soberbia y de mi estupidez.
Ahora que había vuelto no podía alejarme de nuevo, no quería alejarme. Pero ¿si volvía a caer en las mentiras e hipocresías de ‘alguien’? ¿Él me volvería a ayudar?
-Siempre te ayudaré, nunca te dejaré sola-dijo con voz dulce, sacándome de mis pensamientos.
Una vez más intenté agradecerle su ayuda, su compañía y su existencia. Quise pedir perdón y decirle cuanto sentía haberlo negado. Pero el nudo que había bajado poco a poco desapareciendo casi por completo, había subido a mi garganta impidiéndome hablar.
Él lo entendió. Asintió con la cabeza, como si quisiera decirme “todo esta bien, no te preocupes”. Y se dio media vuelta alejándose por donde vinimos...
-¿A dónde vas?-pregunté intentando que no notara la angustia que había en mi voz.
-Sólo a ayudar a quien lo necesite-respondió girando la cabeza con una sonrisa que yo conocía.
Intenté sonreír pero no pude hacerlo. Sentía miedo de volver a estar sola, de volver a caer. No quería pederlo una vez más, no quería algún día volverlo a negar... pero yo sabía que en algún momento volvería a caer y no quería que su ayuda me faltase ya que sería imposible levantarme de nuevo sin él.
Una última vez giro su cabeza dirigiéndome una sonrisa y una mirada que nunca olvidaré. Sé que esa mirada quería decir “nunca te abandonaré, nunca estarás sola. Siempre estaré aquí, aunque no me veas. Iré a donde vayas porque tú me llevarás en tu corazón”.
Ya más tranquila, miré hacia mi camino y me sorprendí lo hermoso que era. Tengo mucho que caminar y es mejor que empiece ahora.
veronik